Práctica esto si quieres ser feliz.

03 Mar 2026

Introducción

Hola. Hola. Gracias por estar aquí conmigo una semana más. El episodio de hoy es la parte dos del episodio de la semana pasada. Entonces, primero que nada, si no has visto la parte uno de este episodio, te recomiendo que primero escuches o veas ese episodio la semana pasada.

Yo muy apasionadamente te hablaba de cómo este mensaje, que victimiza a la mujer en que nosotras somos las que más cargado tenemos el plato y que nuestro trabajo es el más difícil y que la mujer está haciendo el trabajo de cinco personas, nos destruye. No es que estos mensajes no solo no nos levantan, sino que nos quitan el gozo de hacer el trabajo que tenemos delante de nosotras. La semana pasada acabé un poco con una invitación a decirte: frena esa narrativa. Cambiemos esa narrativa. Pero hoy te voy a dar realmente cuál es la solución, ¿cómo le hacemos para verdaderamente combatir eso? ¿Cómo contrarrestar contra eso?

Fundamento Bíblico

Por supuesto, la respuesta la encontramos en la Palabra y me podría alargar mucho hoy. Y como no me quiero pasar tanto, voy a ser un poquito rápida en lo que te voy a leer. Cuando Jesús vino a la tierra, hace sus tres años de ministerio y viene a servir y no a ser servido. Según sus palabras, viene a sanar a los enfermos, a consolar a los que lloran y a sacar a los endemoniados. Él pasa todos sus años aquí en la tierra, esos tres años antes de ir a la cruz, sirviendo a los demás y capacitando a sus doce discípulos.

Cuando ya está a punto de ir a la cruz y Él sabe que son sus últimas horas, en la famosa última Cena, después de cenar, pasa esto; te voy a leer el pasaje completo de Juan 13, versículo 3:

"Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido, y a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó el manto y tomando una toalla se la ciñó, luego echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla."

Esta es la escena en la que Jesús sabe que ya se aproxima el final y lo último que va a hacer es lavar los pies de sus discípulos. Él lava los pies de sus discípulos y, acabando esto, dice: "¿Saben por qué he hecho esto?". Jesús les pregunta a sus discípulos: "¿Saben por qué he hecho esto? Ustedes me llaman Maestro y Señor. Y si yo soy su Señor y soy su Maestro, y les lavé los pies, entonces ustedes también deben de lavar los pies de los demás, así como yo les he hecho. Ustedes también hagan".

Y escucha esto: "En verdad les digo que un siervo no es mayor que su Señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si saben esto, serán felices si lo practicaran".

Desarrollo y Reflexión

¡Ojo! Jesús usa sus últimos momentos, sus últimas horas, para lavar los pies de sus discípulos; unos pies que sabemos que en esos tiempos, al andar todo el día en sandalias, estaban sumamente sucios y llenos de polvo. El trabajo de lavar los pies era del criado de más bajo rango en la casa. Él era el responsable de lavar los pies de la gente que entraba a las casas y eso lo hace Jesús. En eso invierte su tiempo, sus últimas horas antes de ir a dar su vida por nosotros a la cruz.

Después Jesús les dice a sus discípulos: "¿Vieron lo que hice? ¿Saben para qué lo hice? Para darles el ejemplo, porque ahora les toca a ustedes". Jesús está enseñando a estos doce para que ellos se queden en la tierra a difundir este mensaje, a ir y hacer más discípulos por toda la tierra. Él les está diciendo: esto que yo acabo de hacer es para que ustedes lo hagan también con los demás. Y les dice: "Si saben esto, y si entienden esto y lo practican, entonces van a ser felices".

Amigas, el mensaje para hoy es este: el mundo allá afuera, todo lo que escuchamos, las redes, las noticias, la cultura y la sociedad, nos dice a gritos a las mamás, a las esposas, a las amas de casa, que nosotras hemos sido víctimas tanto tiempo, que hemos dado siempre la milla extra sin ser correspondidas y que ya no más. Dicen que ahora lo que sigue es ponernos tú y yo en primer lugar y buscar nuestros propios sueños y felicidad.

Amo la Palabra de Dios que no cambia por los siglos de los siglos. Es la misma que te dice: "No, ¿quieres ser feliz? Si practicas esto, serás feliz". ¿Quieres ser feliz? Lávales los pies a los demás, sirve a los demás, ama a los demás así como Cristo hizo.

Identidad en Cristo

No sé si captaste, pero antes de que empezara todo, te leí el versículo tres, que es la base para todo. Dice que Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas debajo de Él, y sabiendo que de Dios había salido y que a Dios regresaba, entonces pudo hacer esto. Jesús sabía quién era Él; sabía que el Padre lo había capacitado para esta obra y sabía de dónde venía y a dónde iba. Por eso podía lavarle los pies a los discípulos y por eso podía ir a la cruz y entregar su vida por nosotros.

El problema, amigas, es que si nosotras no sabemos quiénes somos y si no tenemos bien fundada nuestra identidad donde debe estar, todos estos mensajes que estamos escuchando allá afuera llegan y nos derrumban, nos hacen tambalear, nos victimizan y nos destruyen. Hoy tenemos que aprender que si tú sabes de dónde vienes, de dónde saliste y a dónde vas a regresar, entonces podrás entregarte con amor, con sacrificio y con gozo por aquellos que Dios ha puesto a tu alrededor: por tu esposo, tus hijos, tus papás, tus hermanos, tu comunidad y a donde Dios te llame a servir.

¿Dónde está plantada hoy tu identidad? Ese es el problema. Cuando nosotras como mujeres no entendemos el valor que Dios nos ha dado, no comprendemos que lavar los pies de los demás no es algo denigrante ni humillante, sino al contrario. La Biblia dice que el que quiera ser el primero deberá ser el último y dice que no hay amor como este que nos modeló Cristo, aquel que entregó su vida por nosotros.

Aplicación Familiar y Práctica

Tenemos una decisión que tomar, amigas. ¿Queremos seguir el ejemplo de Jesús y servir a los demás y dar nuestra vida por los demás, sin reproches, sin amargura, hacerlo con gozo y ser felices practicando esto? ¿O queremos comprarnos esta narrativa que nos dice que "no se vale", que no se vale que demos la vida por nuestros hijos o por nuestro hogar, y que ya basta de que nosotras hagamos todo mientras los demás no hacen nada?

Si tú te compras esa mentira, te vas a destruir. Pero si tú le crees a Dios y sigues el ejemplo de Jesús de venir y servir y no esperar ser servido, entendiendo que más bienaventurado es dar que recibir, entonces encontraremos ahí felicidad.

En Filipenses se nos vuelve a relatar cómo Jesús, siendo Dios, no se aferró a eso, sino al contrario, se humilló a sí mismo. Pablo nos dice en Filipenses que no estemos buscando nuestros propios deseos e intereses, sino que pongamos la vida de los demás como más importante que la nuestra. Sé que hay un mundo que siempre nos está diciendo que las mujeres han sido oprimidas y que ha habido injusticias. Y sí, vivimos en un mundo injusto y lleno de maldad. Pero en Cristo, sabiendo de dónde venimos y a dónde regresaremos, podemos vivir diferente.

Nuestra identidad tiene que estar en Cristo, amigas, no en lo que nos están diciendo todas estas voces de afuera. Cristo nos dice que somos amadas, que somos escogidas, que desde el vientre de nuestra madre Él nos conoce. Él mandó a su Hijo a Jesús no solo a lavar los pies o a sanar, sino a dar su vida en la cruz por ti y por mí.

Conclusión

Entendiendo esto y a la luz de ese tremendo sacrificio —un sacrificio que nunca tendremos que igualar en esa magnitud—, podremos decir: "De lo mucho que yo recibí, entonces yo puedo dar". Pero si no entendemos eso, nos será imposible lavarle los pies a los demás y entregar la vida por el prójimo.

Hoy tenemos dos tareas muy importantes:

Conoce tu identidad: Tienes que saber de dónde saliste y a dónde vas a regresar. Abraza el sacrificio de Jesús.

Ve y sirve: Ponte a lavar los pies de los demás. No hay humillación en eso; no seremos denigradas. Al contrario, te vas a parecer a Jesús.

Planta bien tus pies en la identidad que te dice: "Eres amada, eres escogida, yo di a mi Hijo por ti". Ya no dejes que estas voces de fuera que buscan victimizarte entren a tu mente y a tu corazón. Reemplaza esa basura con la verdad de que seremos bienaventuradas y felices si practicamos estas cosas.

La tarea de esta semana, amigas: ve y ponte a lavar los pies. Gracias. Nos vemos la semana que entra.

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